Camino jubilar de la Virgen

Retiro de Cuaresma por Dª. Carmen Velasco, Delegada Diocesana de Enseñanza, con el tema: “Camino jubilar de la Virgen.”

El pasado 1 de diciembre vuestro párroco y amigo me informó de una gran noticia:

“La Santa Sede ha concedido un tiempo jubilar a la parroquia de Ntra. Sr. de la Encarnación de Marbella con motivo de la coronación canónica de la imagen de Ntra. Sr. del Carmen, patrona de la ciudad. Comenzará el próximo 8 de diciembre y finalizará el 24 de octubre de 2024”

Cuando Pepe me pidió que viniera a compartir con vosotros una tarde de oración pensé: vamos a mirar esta tarde un rato a María a ver qué podemos aprender de ella, que lo mismo nos viene bien para aprovechar lo más posible este “tiempo jubilar” que nos regala la Santa Sede.

Me gusta más aprender que imitar.  Porque cuando se imita, se reproduce, y nosotros no podemos “reproducir”: no somos “inmaculados”; eso es un regalo de Dios a su Madre. Nosotros tenemos nuestras manchas, nuestras frustraciones, nuestro pecado, que, a veces, nos hacen hacer y decir cosas que no queremos. Y otras veces ni hacer ni decir (el pecado de omisión) que no sé qué es peor ¡Menos mal que el Señor nos regaló el sacramento de la reconciliación para poder ser perdonados desde lo profundo de su amor!

Yo soy muy cantarina; mi madre decía que en mi casa aprendíamos a hablar y a cantar casi a la vez. Claro que teníamos a quienes salir: mis padres cantaban mucho y bien, que en los coros de Acción Católica se entrenaron durante muchos años. Y una de las canciones que más me gusta cantar es esa que dice: “La virgen sueña caminos, está a la espera; la Virgen sabe que el Niño está muy cerca”; dicen que es una canción “de Adviento” pero es una canción que habla de hacer caminos, de cruzar fronteras, de paz, de creer en las promesas de Dios, de esperar…y eso para todo el año.

Y preparando este rato de compartir con vosotros, he pensado en los caminos de María, los que vienen en el Evangelio. En ese aprender de María y con ella, que os decía antes, pueden ser un buen recorrido: miramos a María, caminamos con Ella y aprendemos.

  • El evangelista S. Lucas[1] nos narra el inicio de una historia tejida de gestos pequeños y llenos de sentido; no son grandes alharacas ni alborotos: en Nazaret, una ciudad de Galilea, vivía María y allí se dirige el ángel. Yo me la imagino en silencio, haciendo oración como la han pintado los artistas de todas las épocas. ¿Por qué? porque creo que es así como Dios habla con nosotros.

Aquí tenemos lo primero para aprender: a hacer silencio para poder escuchar a Dios. ¡Qué difícil en este tiempo de ruidos, palabras, mensajes y redes sociales (a veces bastante antisociales)!, ¡qué difícil es entrar dentro, hacer silencio y ponerse a la escucha! Hemos de recuperar esa capacidad embotada para distinguir los mensajes importantes del cotilleo diario y para eso no hay más remedio que entrenarse: cada día un ratito de silencio, de escucha.

Al principio será difícil porque nos saldrán todas las preocupaciones (que son muchas) y la “loca de la casa” (como llamaba Santa Teresa de Jesús a la imaginación) se pondrá a hacer travesuras… pero no importa: hagamos silencio, escuchemos por dentro, y si estamos muy “ruidosos” recemos despacito el Padre nuestro o el Ave María. ¡O cantemos! Ya me contareis cómo os va.

  • María va sintiendo que la palabra dicha por el ángel va fecundando su vida: su SI hizo posible que Él habitara entre nosotros, entrara en nuestra historia y la hiciera historia de salvación para todos y cada uno.  “He aquí la sierva del Señor… hágase en mi lo que el Señor ha dicho”

Cuando la deja el ángel, dice el evangelista que María se pone en camino y va a la montaña (“a toda prisa” dice S. Lucas[2]). Esta es la primera vez que María se pone en camino; habrá otras.

En esta ocasión, porque Isabel, su pariente, la que era estéril, había concebido porque “para Dios nada hay imposible”. Y María salió de su casa para estar con su prima porque era mayor y estaba embarazada.

Aquí podemos aprender otra cosa de María y con María: cuando nos vivimos referidos a Dios, salimos de nosotros mismos y no nos ponemos siempre en primer lugar; somos capaces de mirar a nuestro alrededor con los ojos y el corazón atentos y las necesidades de los otros nos hacen “salir y subir a la montaña a toda prisa” si es necesario.

Y entonces descubrimos al vecino que está solo, al compañero de trabajo que anda “rarillo” desde hace unos días, al hijo o la hija que desde hace un tiempo está poco hablador, a la mujer o al marido que lleva con el ceño fruncido unos días (aunque oficialmente no pasa nada), y que hace mucho que no llamamos al tío Pepe (¡y mira que es pesado!) … Salir de nosotros supone limpiar los ojos para poder mirar como el Señor quiere que miremos.

Un ratito de silencio y oración cada día; salir al encuentro de los otros… Ya tenemos dos cosas sencillitas para aprender con María.

  •  Y porque María se vivía referida al Señor fue capaz de entonar el Magníficat: “Proclama mi alma la grandeza de Dios…”

Hay que ser valiente para proclamar que el Señor “ha hecho maravillas en mí”, que “su misericordia llega a sus fieles de generación en generación”, que “derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes”, que “mantiene sus promesas a favor de su descendencia por siempre”. ¿Por qué? Porque todo a su alrededor indicaba lo contrario: porque eran los poderosos los enaltecidos y los pobres los humillados, igual que ahora pasa en nuestro mundo.

¿Podemos aprender algo de esto? Pues sí.

Podemos aprender a optar, a tomar partido. Ya está bien de tanto ponernos de “perfil” para no significarnos, para que no me señalen, no me digan, no se note…. ¿Pero no habíamos quedado que el Evangelio es Buena Noticia? ¡Pero si el papa Francisco nos ha dicho que salgamos a la calle y armemos ruido! Es verdad que se lo dijo a los jóvenes en la Jornada Mundial de la Juventud en Brasil, pero estaba dicho para todos.

Nosotros hemos de aprender a decir también “proclama mi alma la grandeza del Señor porque ha hecho maravillas” A lo mejor mis “maravillas” son pequeñas y están algunos días poco “maravillosas”; pero las ha hecho Dios en mí porque Dios me quiere, nos quiere, con ternura y misericordia infinita.

Ya hace tiempo que dejé de intentar convencer a aquellos que me dicen “yo no creo”. Ahora, cuando alguien me lo dice yo contesto: ¡¡pues no sabes lo que te pierdes!! Porque lo más parecido a creer es enamorarse; es vivirse referido a Otro, con mayúsculas, el Otro que es quien da sentido al ser y al hacer; el que da plenitud a la vida de cada día, el que hace en mí y en cada uno de nosotros maravillas.

  • Y nos encontramos con otro camino recorrido: el emperador[3] quiere tener el dato exacto de sus súbditos y hay que censarse. ¡Vaya por Dios! En el momento más inoportuno. Y allí que se ponen en camino María y José hacia Belén. Y María se pone de parto, y como no hay sitio en la posada, pues hay que refugiarse en una cueva y acostar al Niño en un pesebre. Y aquí se juntan muchos que se ponen en camino: los Magos, los pastores… Ellos son capaces de moverse; unos salen de su tierra, otros dejan sus tareas… Y todos adoran al Niño y vuelven glorificando y alabando a Dios, (aunque yo me imagino que no entenderían mucho)
  • Pero hay que hacer otro camino doloroso e incierto: “levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto”[4]

Tenemos muy cerca de nosotros a personas que han hecho la experiencia de ponerse en camino para huir: del hambre y la miseria, de la guerra, de la explotación… Esta tarde podemos preguntarnos: ¿cómo andamos de acogida?; ¿somos capaces de mirar a la cara a esos que vienen buscando algo mejor? ¿Cómo andamos de solidaridad, o mejor, de caridad?

¿Cuánto tiempo hace que no utilizamos la palabra caridad? ¿Nos avergüenza porque está pasada de moda? ¡Pues caridad es más que solidaridad, porque es uno de los nombres de Dios: ¡Dios es Amor!

Un ratito de silencio y oración cada día; salir al encuentro de los otros; tomar partido; proclamar las maravillas que el Señor hace en nosotros; acoger al otro; practicar la caridad… María sigue dándonos pistas para vivir de otra manera.

  • Si nos fijamos bien, las palabras de María siempre van referidas al Señor, al Otro que la habita y la conduce por caminos que ella no entiende muy bien; y se declara dispuesta a andar los caminos en búsqueda, en silencio, “guardando todas las cosas en su corazón”. [5]

María no sólo escucha, también habla. ¿Qué es lo que Nuestra Señora nos dice? En las bodas de Caná[6] tenemos la clave:

* “No les queda vino”, dice María

* “Todavía no ha llegado mi hora”, dice Jesús

* “Haced lo que Él os diga”, dice María.

¿Y qué es lo que Jesús dice?

Para María, lo que Jesús dice está claro: [7]

* Dichosos los que eligen ser pobres, porque esos tienen a Dios por Rey,

* Dichosos los que sufren, porque van a recibir consuelo,

* Dichosos los desposeídos, porque van a heredar la tierra,

* Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque van a ser saciados,

* Dichosos los misericordiosos, porque ellos recibirán misericordia,

* Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios,

* Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios,

* Dichosos los perseguidos por su fidelidad, porque esos tienen a Dios por Rey

Elegir ser pobres, tener el corazón limpio, construir la paz, ser misericordiosos (el Papa Francisco nos lo recuerda con frecuencia), buscar la justicia aunque seamos perseguidos,… aquí tenemos otras pistas para vivir como Ella vivió, como Jesús nos decía. Es verdad que parece complicado (lo es), pero a la larga es sencillo: se trata de tomar decisiones pequeñas en lo de cada día porque nos vivimos referidos a Dios, enamorados como María; en esto también podemos aprender de Ella

A veces hay que tomar decisiones que indican una manera de vivir, nos señalan una dirección… Esta puede ser otra de las pistas que María nos regale en este tiempo jubilar

  • Hay otro camino que María recorre: el camino de la cruz con su Hijo; la niña de Nazaret, la mujer capaz de proclamar las maravillas que Dios hace en ella, la concebida sin pecado, es ahora la Madre de los Dolores; es la mujer que convierte su debilidad en su fuerza para acompañar al Hijo hasta el final. Es la mujer que, cuando las cosas se ponen difíciles, permanece. [8]

Esto es algo a aprender también; ¡con lo fácil que es quitarse de en medio cuando la vida se pone fea!. María nos enseña a permanecer

  • En el libro de los Hechos de los Apóstoles[9] vuelve a aparecer María; después de la Ascensión del Señor al cielo, dice S. Lucas: “Entonces, desde el monte que llaman de los Olivos, que dista poco de Jerusalén, lo que se permite caminar en sábado”.

A lo mejor estaba también allí, con los discípulos y su Hijo. Porque añade: “llegados a la casa, subieron a la sala donde se alojaban; eran Pedro, Juan, Santiago, Andrés…. Todos ellos se dedicaban a la oración y a la fracción del pan, con María, la Madre de Jesús…”

Y aquí tenemos algo central para nuestra vida: “se dedicaban a la oración y a la fracción del pan”. Ese es el mejor modo de encontrarnos con Jesús. La oración y la Eucaristía.

  • Al inicio de mi intervención os decía que estamos, estáis, en un tiempo jubilar; este puede ser un tiempo de «arrimarnos» a María, la Madre, y preguntarle:

* Oye María, ¿qué podemos hacer?

Y empezaremos de nuevo el diálogo anterior:

*  «Haced lo que Él os diga».

* ¡Pues vaya pista!, volveremos a decir nosotros.

Ella, sonriendo, nos mirará; y si dejamos que su mirada nos «mire dentro», seguro que, al hilo de la palabra de Dios que estamos comentando, encontraremos algunas pistas. Yo las he encontrado en Belén:   

  • Coge un poquito de la luz de las estrellas del Belén que has hecho en tu casa, y ponla en las encrucijadas de los caminos, en los portales oscuros donde malviven los sintecho, en el corazón de los que están solos, de los que se sienten solos aunque vivan con mucha gente y mucho ruido… ¿seguro que no tienes a quien acompañar?
  • Se como los Magos, y déjate contagiar por la magia de Dios; siempre estarás dispuesto a abrir tus cofres, a poner al servicio de todos los dones que Él te ha regalado: piensa: ¿Cuál es tu oro, incienso y mirra? ¿Qué quieres hacer con ellos?
  • Mírame bien; fíjate cómo me representan: Sonrío y miro al Niño en silencio. ¿Qué pasaría si te buscaras un ratito cada día para mirarlo en silencio, para estar con Él? Si no te salen las palabras, no importa; hazme caso que yo de esto se un rato largo; tu míralo.  Así podrás ayudar a otros a mirarlo, a hacer silencio, a rezar.

La muchacha de Nazaret fue capaz de ponerse en manos de Dios, de fiarse, de ponerse en camino para ir a casa de su prima que la necesitaba; de ponerse en camino otra vez para salvar a Jesús; de hacer el camino de la Cruz con su Hijo cuando los otros salieron corriendo porque “el asunto se estaba poniendo feo”

Si hacemos silencio y miramos dentro de nosotros, sabremos lo que hemos de hacer, o mejor, si la dejamos hacernos por dentro, si le prestamos nuestras manos, nuestra voz y nuestro corazón, construiremos la paz en casa y en el trabajo, en nuestras relaciones cotidianas; si le prestamos nuestras manos, nuestra voz y nuestro corazón, tendremos a Dios por rey y habremos así elegido ser pobres porque no serán el dinero ni el poder los que marquen nuestro hacer cotidiano; si le prestamos nuestro corazón, nuestra voz y nuestras manos sabremos reconocernos pecadores y pedir perdón y nuestro corazón será limpio; buscaremos y defenderemos la justicia, aunque seamos perseguidos o ridiculizados que a veces duele más…

Por eso hemos de mirar a María y hemos de aprender a vivir como Ella. Siendo mujeres y hombres de nuestro tiempo, mirándola a Ella, sabremos cómo vivir las Bienaventuranzas, el mensaje de Jesús.

Nuestra Señora del Carmen, Santa María de la Encarnación, Señora del Fiat, Madre de la Iglesia, Señora de la comunidad, ruega por nosotros.

Carmen Velasco

Málaga, 20 de enero de 2024


[1] Lc 1, 26 – 38

[2] Lc 1, 39 – 56

[3] Lc 2, 1 – 20

[4] Mt 2, 13

[5] Lc 2, 51

[6] jn 2, 1 – 5

[7] Mt 5, 1 – 10

[8] Jn 19, 25 – 27

[9] Hc 1, 12 – 14

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